lunes, 24 de marzo de 2014

Plaza Castelli

Hacía mucho que no estaba en la plaza. La idea era acompañar a un amigo hasta la estación del tren que queda en frente. Volví por Rayuela, y así fuimos, él, rayuela bajo el brazo y yo hasta nuestro destino; pero  al final, la salida se convirtió en otra cosa, fuimos a merendar y ver una exposición de arte.

Luego sí lo acompañé a la estación y cuando el tren partió ahí rumbié para la plaza.
El sol brillaba entre los árboles, las familias se acomodaron entre el pasto, los asientos y los caminitos internos de la plaza, jugando y cuidando de los niños que disparaban por todos lados.

Encontré un banco y rayuela volvió a surgir para mí. 
Comencé a tener un poco de frío, eso logró que salga del papel y vuelva a la otra realidad que me convocaba.

Me gusta sentir el olor a rocío que cae sobre nosotros, viene acompañado del olor a pasto y juventud, que me recuerda a los campamentos del colegio, donde la preocupación era si había suficiente leña para el fogón, y con quienes compartías la carpa a la noche.
Ver a los niños jugar me encanta, porque me recuerda a cuando jugaba y corría por la plaza cerca de mi casa.

La gente junta, reunida, en círculos, tomando mate y los niños jugando entre sí, sin restricciones, que lindos momentos e imágenes quedaron plasmados en mi retina.

 Burbujas de fondo y bicicletas montadas por niñas llena de júbilo y pasión me dieron la despedida de la plaza, solo por hoy.

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