domingo, 27 de abril de 2014

Sintiendo los pies


Me dirigía hacia un recital, mejor dicho un encuentro íntimo de amigos que nos llamaban para compartir un buen momento. Faltando dos cuadras para llegar al lugar, mientras pensaba en otras cosas, mis suecos de cuero con tachas y varios centímetros alejados del suelo se cruzaron con unas baldosas en mal estado y ahí comencé...
La caída fue en cámara lenta. Cuando llegué al suelo, no me importó si alguien más estaba ahí, me sentía fuera del tiempo. Miré hacia el cielo oscuro y me dije " ahora ésto...". Al instante, aunque para mí el momento me había congelado, un caballero me ayudó a levantarme y me preguntó si estaba bien, le respondí que sí y espere a que el semáforo me deje salir de la escena.

El dolor apareció y se quedó un rato conmigo. Ahí es cuando empecé a escuchar a mis pies, a dejarlos ir, a que me lleven hacia un lugar posible, capaz me estaban indicando que no tenía que ir, o que si.

A veces uno se dirige hacia donde sabe que no tiene que ir, pero que indudablemente es necesario para dejar un camino a tras y poder construir otros nuevos, otras oportunidades como me dijo un amigo.

Es como el "pan y queso", que dos personas, para tomar una decisión, se enfrentan en una línea imaginaria, y comienzan a caminar, dando un paso a la vez, bien pegaditos, bien amontonados sin dejar espacio entre sí. Hasta que finalmente los pies se tocan y uno pisa al otro... a veces con el amor pasa lo mismo. El tema es cuando uno se enfrenta con uno mismo en esa línea imaginaria, y llega el momento donde te pisas o caes en vos mismo, en tu realidad, en tus miedos mas ocultos.. lo bueno es que te levantas y seguís caminando

lunes, 14 de abril de 2014

Sintiendo sin luz

Que bueno fue llegar al edificio, saludar a una extraña, tratar de meter la llave en ese pequeño espacio donde corresponde, mirarme al espejo y ver una sonrisa
Subí la escalera hasta que me encontré con la puerta de mi casa, vi una pequeña luz asomarse por debajo de la misma, la cual provenía de la calle, atravesando el balcón y todo el departamento para por fin aparecer junto a mis pies a punto de ingresar.

Fue un placer entrar y no tener luz, me permitió estar en mi casa, junto a mí y a mis pensamientos. Los ruidos de la calle se reducen al transitar ese estado, solo la lluvia y mi llamador de ángeles ( como le dice la gente), se siente en primer plano además del viento.

No solo los ruidos del fuera se aplacan, sino que los de adentro desaparecen, permitiendo que los latidos del corazón y los pensamientos iluminen el espacio.

Veo la lluvia gracias a la luz de la calle; la escucho caer y la siento en el aire. Esta secuencia me calma y me excita, empujándome al papel, para luego comenzar a escribir. Poco a poco las palabras se hacen presentes a través de mi mano, las repito y me aturden por dentro, sin darme cuenta que desde que entré, todavía no he abierto la boca ni emitido sonido alguno.

De pronto escucho el ruido de los electrodomésticos indicando que la luz ha vuelto, pero yo me quedo inmóvil junto a la venta. Prefiero perdurar un rato más en este espacio que se abrió ante mí.