domingo, 16 de febrero de 2014

Los besos no dados... aún

A dónde van a parar los besos que no llegan a destino?
Esos besos que están a punto de estallar en mis labios, queriendo salir y saltar desde un trampolín carnoso para encontrarse con otros labios; con una boca contorneada por las ganas, por la espera y por la angustia de no ser dados.
Se mantendrán a un costado dormidos, ansiosos por una oportunidad de salida y encuentro.

martes, 4 de febrero de 2014

Dentro de un espejo acuoso e infinito

Me acerco de a poco, tímidamente me aproximo y observo el rostro de las personas tratando de descifrar si el agua esta helada o agradable. No se ven grandes olas, casi planchado está. Una señora que sale me dice que tome coraje. Luego de unos pasos, otra señora ( al leer mi rostro y darse cuenta que son los primeros minutos de contacto) me dice animosamente: "dale que esta hermosa"; no tuve otra opción que comenzar a caminar enérgicamente,para romper con la barrera del frío en la panza.Tenían razón, esta hermosa, ideal, refrescante pero no invasiva. Me sentí como cuando a un niño le permiten ir caminando por la calle sin agarrarse de la mano de su madre.
Libertad, Libertad, Libertad!

De a poco fui adentrándome en el mar. Cada tanto comprobaba tocar la arena con la punta de mis pies. Que placer es ver desde el mar a la ciudad, sintiéndote lejos de esa gente, de esos edificios. Al darme vuelta y mirar al horizonte descubrí que también estaba lejos de mis problemas, a los cuales comencé a verlos pequeños y minúsculos en comparación con el mar.

Accioné e hice la plancha, junto  a otros señores, los cuales también decidieron  alejarse del mar de gente para acercarse al otro mar.
De ese otro mar del cual les hablo es aquel con el que me encuentro cada tanto, donde puedo conversar sin otras voces, solamente él y yo. Necesito de su inmensidad y profundidad, las cuales me alojan con tanta paz y alegría.

Se produce un magnetismo que me envuelve con cada ola y me encanta abordar. Soy feliz, inmensamente, dentro y fuera de mí. Se rompen las barreras entre él y yo, ya que no se dónde termina mi cuerpo, ni donde comienza el mar.

Las olas barren con todo, me dejan liviana y renovada, permitiéndome vivir nuevas experiencias.