martes, 13 de mayo de 2014

Una salida no tan desapercibida

Ella salió de su lugar de trabajo por diez minutos, casi desapercibida por el resto, para sacar unas fotocopias a la vuelta de la esquina. Cuando cruzó la puerta y llegó a la calle, oyó un ruido un ruido extraño para ese horario y en ese barrio. Fue directo hacia ella, la atravesó, la enmudeció y se derrumbó. La bala la dejó tendida en la vereda. 

Durante su caída ella se preocupaba porque nadie sabía que se encontraba ahí, fuera de su escritorio, alejada de sus compañeros, extrañando poder seguir caminando hasta la fotocopiadora , como algunas veces lo había hecho. No tenía celular y su preocupación era si la ART cubriría ese accidente; aunque inmediatamente su preocupación fue si alguien llamaría a la ambulancia.

En ese mismo instante Jeremías, uno de los muchachos del lava autos del barrio, la venía siguiendo con la mirada, y cuando vio la escena del disparo le importó un carajo el auto al que le estaba pasando el trapo para secarlo y que no le queden marcas de agua; tampoco pensó en su jefe o en los posibles descuentos si salía de su trabajo, solo le importó Magda. 

Cruzó la calle sin mirar, afortunadamente el 71 no se lo llevó puesto, porque Dios es grande. La agarró en sus brazos, llamó al 911 y declaró el estado de urgencia de aquella joven a la cual le sonreía todas las mañanas, y que en esos momentos se apagaba. 

Hacía dos años y medio que se sonreían. Poco a poco fue generando micro encuentros para iniciar diálogos y así poder conocer su nombre. Los pedacitos que sabía de ella le encantaban. El percibía que a ella también le gustaba encontrarse con él y lo buscaba apenas salía a fumar, esperando que él se cruce y le pida fuego. Lamentaban que ese cigarrillo no durará más, así esos encuentros podrían extenderse por un instante más.

Diez y diez de la mañana de ese miércoles Carlos y Alberto se encontraban discutiendo sobre los problemas que estaban teniendo con los repartos de esa semana. Para Carlos, esa fue la gota que rebalsó el vas. Estaba cansado de salvar su negocio de los errores, cometidos día tras día,de su socio y amigo. Pero como dice más arriba, estaba agotado. Agotado de soportar y solucionar y que todo se venga abajo. 
Esa fue su última discusión, ya que él sacó del escritorio un arma y le disparó, sin ninguna explicación. Nada más que su objetivo no se cumplió, ya que la bala no alcanzó a Alberto; continuó el trayecto por la ventana, se adelantó al 71, y dejó tirada en el suelo a Magda.

Jeremías no le soltó la mano en todo el recorrido hacia la clínica. El sabía que ese no sería su final, sino el punto de partida entre ellos. Ese disparo le dio el impulso para enfrentarla y animarse a quererla sin excusas de por medio.