domingo, 27 de abril de 2014

Sintiendo los pies


Me dirigía hacia un recital, mejor dicho un encuentro íntimo de amigos que nos llamaban para compartir un buen momento. Faltando dos cuadras para llegar al lugar, mientras pensaba en otras cosas, mis suecos de cuero con tachas y varios centímetros alejados del suelo se cruzaron con unas baldosas en mal estado y ahí comencé...
La caída fue en cámara lenta. Cuando llegué al suelo, no me importó si alguien más estaba ahí, me sentía fuera del tiempo. Miré hacia el cielo oscuro y me dije " ahora ésto...". Al instante, aunque para mí el momento me había congelado, un caballero me ayudó a levantarme y me preguntó si estaba bien, le respondí que sí y espere a que el semáforo me deje salir de la escena.

El dolor apareció y se quedó un rato conmigo. Ahí es cuando empecé a escuchar a mis pies, a dejarlos ir, a que me lleven hacia un lugar posible, capaz me estaban indicando que no tenía que ir, o que si.

A veces uno se dirige hacia donde sabe que no tiene que ir, pero que indudablemente es necesario para dejar un camino a tras y poder construir otros nuevos, otras oportunidades como me dijo un amigo.

Es como el "pan y queso", que dos personas, para tomar una decisión, se enfrentan en una línea imaginaria, y comienzan a caminar, dando un paso a la vez, bien pegaditos, bien amontonados sin dejar espacio entre sí. Hasta que finalmente los pies se tocan y uno pisa al otro... a veces con el amor pasa lo mismo. El tema es cuando uno se enfrenta con uno mismo en esa línea imaginaria, y llega el momento donde te pisas o caes en vos mismo, en tu realidad, en tus miedos mas ocultos.. lo bueno es que te levantas y seguís caminando

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