La caída fue en cámara lenta. Cuando llegué al suelo, no me importó si alguien más estaba ahí, me sentía fuera del tiempo. Miré hacia el cielo oscuro y me dije " ahora ésto...". Al instante, aunque para mí el momento me había congelado, un caballero me ayudó a levantarme y me preguntó si estaba bien, le respondí que sí y espere a que el semáforo me deje salir de la escena.
El dolor apareció y se quedó un rato conmigo. Ahí es cuando empecé a escuchar a mis pies, a dejarlos ir, a que me lleven hacia un lugar posible, capaz me estaban indicando que no tenía que ir, o que si.
A veces uno se dirige hacia donde sabe que no tiene que ir, pero que indudablemente es necesario para dejar un camino a tras y poder construir otros nuevos, otras oportunidades como me dijo un amigo.
Es como el "pan y queso", que dos personas, para tomar una decisión, se enfrentan en una línea imaginaria, y comienzan a caminar, dando un paso a la vez, bien pegaditos, bien amontonados sin dejar espacio entre sí. Hasta que finalmente los pies se tocan y uno pisa al otro... a veces con el amor pasa lo mismo. El tema es cuando uno se enfrenta con uno mismo en esa línea imaginaria, y llega el momento donde te pisas o caes en vos mismo, en tu realidad, en tus miedos mas ocultos.. lo bueno es que te levantas y seguís caminando
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