martes, 4 de marzo de 2014

Templo Interno

Los autos pasan, y solo queda el recuerdo de sus luces en el camino ya transitado. Mi perfume se desvanece en el viento, pero las cuentas ha pagar permanecen en la puerta mi heladera esperando por ser saldadas.

Luego de una siesta en una tarde fría, he decidido hacer algo por mí misma. Me ato el pelo en forma de rodete con mi propia cabellera, me pongo ropa deportiva y salgo para la calle.

No solo pasan los autos y me voy despojando de mi perfume, también me desprendo de mí misma; de mis sufrimientos, mis miedos, mis ansias, las expectativas, las corazonadas y las ilusiones. Todo esto en un abrir y cerrar de ojos, mientras que el proceso se ha extendido siglos dentro mío.

¿cómo son las cosas de la vida, cuando uno trabaja tanto para conseguirlas, logrando un templo interno al cual recurrir cada vez que la inestabilidad toque a la puerta? Llegar al templo significa un arduo camino en tinieblas, pero prender el sahumerio, dejar la plegaria y esperar el cometido, solo requiere algunos segundos, pero intensos.

He dejado las luces de los autos y a ellos mismos tras mis pasos, como mi perfume, como mi templo, del cual aunque se intente, es imposible deslindarse, ya que es como una sombra, que hasta en la oscuridad se sabe que contamos con ella.


Retorno, pero distinta;
 los autos no son los mismos, 
mi perfume ha cambiado,
 mis autocríticas disminuyen 
y mi templo se ha renovado.

                                                                                                                        agosto de 2010

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