Es la maldad personificada. A diferencia de otras veces no viene con un trato por mi alma, no me ofrece fortunas, ni dinero, ni éxitos, ni belleza. Viene acompañado de algo mucho peor, más traicionero, entrañable y pasional.
Te acorrala centímetro a centímetro, te vigila, mueve los tiempos, te encapsula en una esfera muy similar a la realidad y uno termina posicionándose en la boca del lobo solito, sin esfuerzos para el.
Se convierte en una guerra ganada antes de declararse, desvinculandome de mis actos, de mis decisiones y rompiendo con mis límites. Todo ésto, de una manera atractiva, mediante abrazos y caricias.
Una plenitud ciega recorre mis venas, alimentándolo de mi sangre, llenándose de poder, de amor, aumentando sus delirios, marcando una sonrisa y dilatándose sus pupilas a cielo abierto
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