sábado, 25 de enero de 2014

Me consumo

Un vaso de gancia, música de fondo, unos puchos, algunas cerezas, cuaderno y birome en mano. Esos son los objetos que me acompañan en mi balcón, a las 23.55 de esta noche fría y levemente ventosa.

Un sorbo de gancia, una cereza y miro el cielo ( ruido de motos a lo lejos). Prendo un cigarrillo y al cabo de unos minutos, mientras lo miro fijamente como se consume, me veo atrapada dentro de él. Me reconozco en ese punto. Siento el calor en mis pies, se aproxima esa sensación de ardor, de incomodidad que hace moverme de lugar. No solo eso, desaparecen partículas del espacio donde me encuentro, donde soy; y  ese sentimiento de insatisfacción, de incomodidad, avanza, ya se encuentra a la altura de mis entrañas.

Ya no quiero estar ahí, pero no se si puedo salir, creo que todavía hay más, algo peor.
y sí, el calor aumenta, alcanzó a mi corazón, ya no soy dueña de él, si del resto que me queda, del que aún puedo controlar, del que todavía estoy segura.

En esta instancia tengo que escapar, no se si quiero seguir, pero vuelvo a fumar y el cigarrillo se va acortando y con él, también me voy yo. Es difícil ver como te vas consumiendo y más por una idea que tiene poco sentido, pero mucho ardor del visceral, de ese que no se apaga con agua; sino que aumenta con el deseo y las ganas.

Tengo ganas de gritarte en la cara mi consumo, describirte ésto que me pasa, para que entiendas cómo se siente. Pero ya no vale la pena. Con la última pitada veo como se apaga el cigarrillo lentamente y así, consumido en sí mismo, como mi idea que me confunde y consume, lo piso y le pongo punto final a ambos.

Me como la última cereza, siguen pasando autos y enciendo un nuevo cigarrillo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario